La definición de área protegida es diversa en los distintos países, pero aun así se han establecido algunas unidades básicas con distintos grados de salvaguardia. Se llama parque nacional a un área de gran importancia ecológica, con protección estricta y medios adecuados para permitir su visita. Suele estar rodeada de una zona circundante para aminorar los efectos de la actividad humana, en la que esta se encuentra regulada y controlada, y a menudo posee también una reserva integral, es decir, un área de especial valor a la que no puede accederse salvo el personal científico, y siempre sin intervenir en modo alguno sobre el medio. Los parques naturales permiten un mayor grado de actividad humana (por ejemplo, la pesca y prácticas agrícolas tradicionales) y engloban a menudo en su interior asentamientos humanos. Hay muchas otras figuras legales creadas con fines particulares y que pueden proteger áreas de tamaño muy pequeño (una laguna, una cueva, un glaciar, etc.).
 
 
En los círculos científicos y conservacionistas de los distintos países se hace especial hincapié en la necesidad de disponer de una red amplia de espacios naturales protegidos bajo distintas figuras legales y, sobre todo, conectados entre sí para garantizar un mínimo de intercambio de información genética entre las especies animales o vegetales que forman las biocenosis en estas áreas. El aislamiento de un área protegida por muy eficaz que sea dicha protección significa su desaparición en un plazo más o menos largo, porque todo ecosistema, como hemos visto, es una unidad en íntima relación con otras análogas de su entorno, de las que recibe aportes genéticos y a las que cede sus propios genes, además de participar en el ciclo general de la materia y el intercambio energético.

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