Ecología es una palabra de moda que aparece en multitud de contextos, desde informes científicos hasta en la propaganda electoral de los partidos políticos. Recurren a ella los movimientos de defensa de la naturaleza, los grupos proteccionistas e incluso las marcas comerciales con objeto de incrementar sus ventas. Pero ecologismo no es lo mismo que ecología, aunque compartan diversos aspectos y en ciertas circunstancias sean coincidentes. El primero no siempre se atiene a criterios estrictamente ecológicos y es frecuente que ideas más o menos utópicas impregnen sus planteamientos, mientras que la segunda es una ciencia de indudable importancia práctica.
 
 
La ecología estudia el gran mecanismo de precisión que es nuestro planeta, en el que los distintos organismos que lo pueblan y el propio medio inanimado mantienen una serie de estrechas relaciones de interdependencia en que cada elemento, ya sea un bosque, un lobo o el propio ser humano, necesita de los demás y es a su vez necesario para ellos. Como ciencia interdisciplinaria, la ecología recurre a los conocimientos de otras ciencias (filosofía, geografía, estadística, química, física, etc.) Cualquier intervención humana en las complejas relaciones del ecosistema exige un profundo conocimiento de la situación real en éste, algo que no suele darse, por lo que para la propia supervivencia de nuestra especie es necesario que la sociedad humana actúe con conocimientos ecológicos que impidan su propia destrucción.

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